Un agente de IA sin proceso documentado no funciona. Y nadie lo quiere escuchar
UN AGENTE DE IA SOBRE UN PROCESO QUE NADIE DOCUMENTÓ NO VA A FUNCIONAR. Y CASI NADIE QUIERE ESCUCHARLO.

Es la conversación que se repite: hay entusiasmo, hay presupuesto y hay una expectativa de que el modelo va a resolver el desorden que llevamos años arrastrando.
La pregunta que llega es qué modelo usamos.
La correcta es qué le vamos a dar de comer.
Porque un agente hace tres cosas y las tres dependen del proceso, no del modelo:
Responde con lo que tiene.
Si la fuente son cuatro versiones de un procedimiento y un hilo de correo, responde con eso. Bien redactado y equivocado.
No sabe cuál versión vale.
La vigencia es un dato de gobierno, no de contenido. Ningún modelo la deduce.
No conoce las excepciones.
Las excepciones viven en la cabeza de la gente. Si no están escritas, para el agente no existen.
No sabe quién decide.
Puede proponer una acción. Sin dueño definido, esa propuesta se queda sin destinatario.
Amplifica lo que ya está mal.
Un procedimiento ambiguo consultado por diez personas genera diez interpretaciones. Consultado por un agente, genera mil.
Lo incómodo es que el trabajo previo es aburrido: ordenar, versionar, asignar dueños. Nada de eso se ve bien en una demo.
Pero es lo único que separa un piloto que sobrevive de uno que se apaga en el segundo mes.
¿El proceso donde quieren poner un agente tiene versión vigente y dueño identificable?
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